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El show de Truman

18/10/2013

TRUMAN

Las obras maestras entran en la casa de uno, como quien se presenta sin llamar y al final acaba viviendo bajo el mismo techo, sin justificar la causa de su venida, ni tampoco predecir el futuro que le depara.

Truman entró en mi casa por una serie de azarosas coincidencias que no vienen al caso, sólo una merece ser señalada: llovía a cántaros ese día y el gobierno norteamericano declaraba públicamente la recesión del país.

A partir de ese momento, Truman se hizo un hueco en una de las habitaciones de casa, de forma aparentemente indiferente; pero a sabiendas que su presencia a nadie le era desconocida.

Con el paso del tiempo, y cuando las canas determinaron gran parte de nuestra existencia, (la suya y la mía),  Truman estuvo dispuesto a mostrarme, – uno a uno -, los capítulos del más que oído y archiconocido  “show de Truman”, una obra meritoria, según sus palabras.

En principio, y por razones del guionista, los ensayos eran los lunes. Quedaba torneada la puerta,  y accedía a que yo, – en cierto modo perpleja y sobrecogida-, conociera los detalles de Truman y su vida. Cuidadoso de su imagen y su intimidad, no revelaba más allá de los aspectos cotidianos y rutinarios del día a día.

A medida que tuve al alcance de la mano poder seguir  a Truman y su show, ya no sólo eran los lunes, sino cinco los días de las semana, de lunes a viernes, cuando gozaba las mil y una peripecias de este hombre, calzado de esa inocencia genuinamente apabullante, merecedora sin duda, de grandes aplausos.

Conforme más me acercaba a su vida, mitificando sus pasos, más me daba cuenta de las similitudes que se iban creando alrededor de nuestras vidas. Tal era así, que ya era la semana entera la que dedicaba por las mañanas a compartir sueños y desvelos con Truman, y las tardes a poner en práctica la experiencia que me otorgaba su propio ir y venir.

Como las iguanas, mi adaptación a Truman y su entorno fue impecable. Ya prácticamente no nos distinguíamos el uno del otro.  Quién era el personaje cercenado y cruelmente puesto a prueba por el ojo que todo lo ve, y quién era ese personaje que a tientas bucea en su subconsciente para encontrar ese rédito de libertad.

Como en casi todas las parejas, terminamos siendo uno. (El guionista, a partir de ese momento, abandonó mi casa y rompió el contrato con la productora, esgrimiendo que fuera otro el que diera una salida digna al show de Truman).

El espectáculo todavía continúa.

Los escenarios son los mismos.

Se busca narrador audiovisual para confeccionar un final realista.

Las obras maestras entran en la casa de uno, como quien se presenta sin llamar y al final acaba viviendo bajo el mismo techo, sin justificar la causa de su venida, ni tampoco predecir el futuro que le depara.

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From → Relato

One Comment
  1. Muy bueno. Saludos.

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