Skip to content

Y tú, ¿de quién eres?

20/02/2016

cebra2

El sentido de pertenencia es algo que inequívocamente se va reproduciendo en las sociedades modernas para dar respuesta a ese ser social que, supuestamente, forma parte de nuestro carácter.

Y si bien, observamos  variadas fórmulas de agrupación social que por su propia esencia establecen  como fin último el bien común en las distintas ramas en las que se expresa el hombre; hay otras formas de asociación cuya naturaleza  es creada en virtud de la oposición a algunos de los acontecimientos  que subyacen en la cotidianidad de nuestros días. Las dos caras de la moneda.

El ocio, que se reserva un lugar importante en la sociedad del bienestar, está siendo el primero en reflejar el paso de individuos a colectivos que disfrutan de una forma de hacer o ser, en grupo. De satisfacciones individuales pasamos a vivencias en grupo, tomadas como experiencias de mayor intensidad.

Hasta aquí, es interesante comprobar que los humanos somos capaces de realizar grandes proezas en equipo: ayudar y tender la mano, cultivar la belleza, promover la salud, competir en el deporte, preservar las huellas de la civilización del  hombre, buscar  un mayor y mejor entendimiento de las cosas.

En el mundo de las ideas, también han ido surgiendo combinaciones que han velado por mantener el espíritu de los propios ideales en firme. La actuación ha permitido poner en orden y en escena esos principios acuñados por minorías, o incluso no tan minorías.

Constreñidos hoy por realidades poco halagüeñas en muchos de los ámbitos donde se mueve el hombre, los ideales han quedado refrenados por el propio devenir de los acontecimientos. El posicionamiento hermético o el ataque continuado y devastador hacia todo aquello que no se identifique con uno, ha creado un poso incómodo donde moverse, con la sensación de que poco a poco nada puede cambiar. Y el ejercicio del pensamiento libre vuelve a pocas plumas y además destinadas a su propio exilio voluntario.

Paulatinamente, la actuación “de parte”, genera un diagrama donde no caben las sorpresas. Puede ser que se imprima un mayor grado de puesta en común, pero a la postre, el sentido de pertenencia obliga a querer contar siempre con individuos que afiancen una fidelidad y mantengan la señal de identidad del grupo, aun cuando se tengan que sacrificar las grandes ideas, que a la larga, enriquecerían al grupo.

La libertad cada vez es un bien más invisible, o la apariencia ha doblegado por doquier sus armas y es difícil saber restañar lo verdaderamente auténtico de lo que ya no es original.

El peligro de cobijarse en el no pensamiento, no acción; es que al final lo sencillo es apuntarse a la remisión de la voluntad.

De igual manera que el asalto impune al respeto es un atropello en toda regla, las condiciones de convivencia reclaman espacios de libertad individual y colectiva, sin tener que valerse de una pertenencia para desenvolverse con naturalidad en todos los órdenes en los que el hombre va pasando por la vida.

Anuncios

From → Reflexión

Dejar un comentario

Es tu turno.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: